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El Espejo | José Vicente Rangel: Un mes después (prohibido olvidar) PDF Imprimir E-mail
Lunes, 03 de Septiembre de 2018 10:13

1 Jose Vicente Rangel1 Mañana, 4 de septiembre, se cumple un mes del magnicidio frustrado del 4 de agosto en la avenida Bolívar. Para mí lo ocurrido en la tarde de ese día fue algo de mucha trascendencia. Fue una acción terrorista de proporciones incalculables, ya que el propósito que la inspiró fue la consumación de una masacre, el descabezamiento del gobierno y del Estado y la caotización del país. Que esté claro: el objetivo no solo era el asesinato del presidente Nicolás Maduro –de por sí extremadamente grave e inusual en la política venezolana–, sino la eliminación salvaje, fascista, de la democracia y de la convivencia civilizada.

2 Tengo la impresión –con base en las reflexiones que he hecho durante este mes sobre lo ocurrido en esa fecha aciaga–, que muchos compatriotas que han manifestado su repudio a la acción criminal, no han calado la magnitud del suceso y lo que éste implica para el futuro de la nación. Otros simplemente lo banalizan.

3 Una de las reflexiones tiene que ver con la preparación del atentado y el conjunto de factores involucrados. En la poderosa carga de odio y de venganza que lo estimuló. En la existencia de personas dispuestas a matar fríamente; a participar en una acción en la que pudieron perder la vida –en la forma más cruel– decenas de seres humanos. No sólo altas autoridades civiles y militares, sino familiares, mujeres y niños, lo cual es algo que requiere de un análisis especial.

4 ¿Estamos dispuestos los venezolanos a realizar ese tipo de análisis? Considero que no. Porque entre los factores que lo impiden está la polarización que persiste, y que asoma su hocico cada vez que las circunstancias se lo permiten. Es así que la actitud de un sector, que mostró en forma evidente falta de sensibilidad humana, llegó incluso a dudar que el atentado ocurrió y atribuyó lo sucedido a un montaje del gobierno.

5 El análisis lo completa la posición adoptada por sectores de la derecha dentro del país y en el exterior. Ante la perversa connotación del acto criminal guardaron un oprobioso silencio, o bien lo celebraron con una euforia macabra. Desde la Conferencia Episcopal Venezolana hasta el grupo de partidos que integra lo que se conoce como oposición en Venezuela, pasando por Fedecámaras y otras instituciones, el silencio fue la respuesta, y en el ámbito internacional la reacción fue similar. Ninguna actitud de condena expresaron Presidentes, Jefes de Estado, Parlamentos, líderes políticos. Ni siquiera los movió a manifestar repudio a lo sucedido la circunstancia de que la omisión deliberada estimulaba el terrorismo y fortalecía la impunidad.

6 El magnicidio frustrado del 4/A, la manera como se gestó y ejecutó, introduce en la política del país un elemento perturbador de insólitos desarrollos. Representa una total deshumanización de la lucha democrática y la sumerge en la irracionalidad. A partir de esa fecha todo parece ser válido. Un sector de la política mostró su desprecio más absoluto a principios elementales de convivencia civilizada, de respeto a valores fundamentales como el derecho a la vida y al ejercicio responsable de la política.

7 A partir de aquella tarde del 4 de agosto, cuando una tecnología avanzada se utilizó para eliminar al adversario sin arriesgar nada, y el episodio contó con apoyo de instituciones religiosas, empresariales, gremiales y políticas, así como la solidaridad internacional de Estados, Gobiernos y personalidades que avalaron un hecho con todas las características de una masacre, muchas cosas pueden cambiar. En un país acosado como Venezuela, sometido a infinitas presiones, víctima de una peculiar guerra cuyo supremo conductor, EEUU, cuenta con múltiples recursos, pero que al mismo tiempo el país cuenta con un pueblo consciente de sus derechos, celoso de su independencia y soberanía, el pronóstico sobre los futuros desarrollos de la situación es extremadamente complicado. Todo depende de los próximos pasos a dar por los inspiradores y ejecutores del intento de magnicidio, que con esta acción demostraron hasta dónde son capaces de llegar. Eso por un lado. Por otro está la entereza de quienes tienen la conducción del Gobierno, que demostraron en la emergencia –una vez más– coraje e inteligencia para sortear situaciones críticas. Claro está que todo tiene un límite. La prudencia lo tiene; la imprudencia también. Veremos que depara el futuro. Por ahora, ¡prohibido olvidar!.

Laberinto

Lo que se conoce como oposición en Venezuela luce cada día más descosido. Por todas partes se le ven las costuras. En un debate en la Asamblea Nacional los parlamentarios de los grupos y subgrupos en que esta dividida la representación parlamentaria de lo que en un momento dado fue la oposición, hubo de todo: insultos de diferente calibre. A algunas parlamentarias las tildaron de "viejas borrachas". Un grupo arremetió contra Ramos Allup y éste se defendió con su característica vehemencia...

Otro detalle de estos días que corren: Luis Almagro, el inefable secretario general de la OEA, regañó al presidente de la Asamblea Nacional, Omar Barboza, porque éste rechazó la presión que se le hacía para que acatara el fallo contra el presidente Maduro del espurio Tribunal Supremo que funciona en el exterior (por cierto, ¿quién paga a los "magistrados"?). Barboza reaccionó y manifestó que Almagro no mandaba en Venezuela. Claro, esta situación se plantea porque la oposición venezolana, sus dirigentes, devinieron en simples instrumentos de personajes oscuros como Almagro y tantos otros. Una oposición lacaya, sin autonomía, pierde autoridad y se expone a todo tipo de vejámenes...

Los incidentes en Pacaraima, ciudad brasileña próxima a la frontera con Venezuela, donde se instalaron campamentos de venezolanos que fueron incendiados por brasileños xenófobos, son el resultado del estímulo que, desde la oposición, se le da al éxodo y de las políticas de gobiernos contrarios al de Caracas, como el de Temer, para que la gente emigre...

Esta situación se complica en la región. Dirigentes políticos y gobiernos de países como Colombia, Ecuador, Chile, Argentina montaron la política de atacar al gobierno de Maduro estimulando a la gente para que emigrara. Pero ahora se le plantean graves problemas por la reacción de los nacionales en cada país y por el costo de ese tipo de operación. Es decir, que el tiro les salió por la culata...

¿Qué va a hacer la oposición ante el desafío del plan económico del gobierno? Oponerse resulta difícil. Lo que opinan sus voceros no cala. No logra desacreditar la iniciativa gubernamental que le abre una perspectiva optimista al país. Por eso el fracaso del paro al cual convocó la oposición y también los intentos de montar algunas guarimbas...

Otro desafío para la oposición son las elecciones municipales convocadas por el CNE para el próximo 9 de diciembre. Cada día que pasa el conflicto es mayor. Crece el número de los que se oponen a participar, al calor del argumento de que hacerlo significa claudicar ante el gobierno y legitimar a la autoridad electoral. Pero también pesa mucho en el ánimo de los sensatos el argumento de que abstenerse es quedar fuera del juego político. No tener acceso a los concejos municipales, es algo así como quedarse sin el chivo y sin el mecate. ¿Qué hacer entonces? ¿Irse a la montaña? ¿Encabezar una insurrección popular? Difícil. Para irse a la montaña hay que tenerlas bien puestas. Y para encabezar una insurrección popular hay que tener pueblo y militares.

 

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