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Washington y la geopolítica de las drogas PDF Imprimir E-mail
Martes, 26 de Mayo de 2015 14:43

Que dos expresidentes norteamericanos hayan confesado sus debilidades por las drogas no es un dato alarmante, menos en una sociedad adicta a los delirios consumistas de baratijas capitalistas como la norteamericana; aún así, no es un detalle menor.

Al respecto, es legítimo como también demostrable afirmar que, efectivamente, concurre como flagelo mayor una criminal geopolítica de las drogas. La historia refleja un comportamiento demencial pasado de los centros de poder fáctico europeos, especialmente del Reino Unido, al tratar de destruir el aparato estatal chino imponiéndole tratados comerciales a partir de la reducción de fortalezas internas y valores sociales mediante las guerras del opio entre 1839 y 1860.

Hoy, los métodos han cambiado, pero los propósitos geopolíticos y económicos permanecen intactos. También el centro generador se trasladó de Londres a Washington. A tenor de ello, conocemos la gigantesca  operación Irán-Contras propiciada por Washington. Sumemos el empeño de las potencias occidentales en dominar Afganistán con la curiosa explosión de cultivos de amapola en miles de hectáreas a partir de la guerra invasora, ¿sólo coincidencias?.

EEUU es el primer consumidor de drogas en el mundo; a la par de ser ya el principal productor de marihuana y drogas duras sintéticas. Pero es a la vez el primer exportador de armas y municiones a los grupos irregulares que en varios países suramericanos custodian sembradíos y rutas de tráfico.

No conforme con tan audaces indicadores, EEUU es el primer exportador mundial de sustancias e insumos precursores, agreguemos a ello informes de los organismos ONU, que se encargan del asunto, indican que la banca estadounidense está seriamente implicada en el financiamiento.

Resalto llamativos agregados: nunca hemos tenido conocimiento de banqueros norteamericanos enjuiciados ni funcionarios aduaneros detenidos que, curiosamente, no detectan la salida de pertrechos, armas y sustancias químicas hacía los países productores.

La tecnología satelital norteamericana es capaz de asesinar niños en Irak, Afganistán y Siria desde centros de comando en territorio norteamericano, pero no es capaz de detectar barcos y aeronaves que desde sus puertos y aeropuertos despegan cargados de insumos para la muerte y pertrechos para las nuevas guerras del opio. Como tampoco ha advertido que a pocos kilómetros de sus bases militares en Afganistán,  las áreas cultivadas con amapola se expanden superando las sesenta mil hectáreas.

Las acusaciones al voleo, con mucha estridencia mediática pero sin reales sustentos demostrativos contra Venezuela no escapan a esta realidad geopolítica. Varios capítulos en las relaciones bilaterales son reveladores. La expulsión de la DEA de nuestro territorio tiene sustento irrebatible. Simular entregas controladas sin asidero legal; hacer seguimientos a priori violando acuerdos e injerir en asuntos de política interna dieron pié a una decisión obligante para el Presidente Chávez en su momento.

Washington ha sostenido con Venezuela políticas antidrogas plagadas de despropósitos. La cadena de hechos así lo demuestra. Prohibió a España y Brasil la venta de aviones adecuados para la vigilancia y control de territorios marítimos y regiones montañosas colindantes con Colombia, así como pretender operar en forma unilateral radares en Venezuela impidiendo que el Gobierno nacional accediera a la información obtenida.

Este historial revela una conducta que lleva a concluir en que Washington se interesó desde la era Clinton en crear rutas “seguras” utilizando nuestro territorio. El Gobierno bolivariano ha implementado políticas y estrategias que comienzan a generar resultados altamente positivos. La vigilancia estricta; destrucción de pistas de aterrizajes y derribamiento de aeronaves cargadas de drogas demuestran que Venezuela se cruza en el camino de la geopolítica de Washington.

El reciente embate contra funcionarios venezolanos, entre ellos contra el Presidente de la Asamblea Nacional, se inscribe en el marco de nuevas y desesperadas acciones contra gobiernos que se opongan en los planes globales de Washington por dominar las rutas de tráfico. Nuestra ubicación geográfica es apetitosa para los propósitos del gigantesco cartel diseñado por la DEA.

Vale entonces preguntarse, ante el evidente fracaso de los estados ante tan acuciante problema, ¿Qué es lo que pretende Washington, combatir la droga o dominar las rutas?.

 

Por Arévalo Méndez Romero

Última actualización el Martes, 26 de Mayo de 2015 14:48
 

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